Basura de verano

Por: Javier Vélez Arocho

En par de meses llega, como todos los años, el ansiado verano y con este la misma escena que se repite a través de las décadas.  Imagino que pensaron en el sol caribeño, sillas de playas, neveritas, sombrillas y mucha gente.  Bueno, en realidad me refiero a la cantidad de basura dejada en nuestras costas.  La imagen es la misma, cuando llegamos temprano a la playa vemos la arena limpia y nos disponemos a escoger el mejor área que tenga un poco de sombra o buena cantidad de arena para acomodar nuestros tereques.  Al cabo de ocho horas ese lugar idílico parecerá una zona de guerra.  Veremos a nuestro alrededor grandes cantidades de basura que incluye latas de aluminio, botellas de vidrio, envolturas y empaques de alimentos, colillas de cigarrillo, pañales desechables con su carga maloliente, residuos de alimentos, entre otros. 


Necesitamos entender que los

recursos naturales son imprescindibles

para nuestra propia sobrevivencia.

 


Lo interesante del caso es que pudimos hacer el esfuerzo de llevar todos estos artículos, sin embargo, al momento de marcharnos de la playa no fuimos capaces de recogerlos y cargar con ellos, si es que vemos que los zafacones se desbordan de basura.  Preferimos dejarlos tirados en los alrededores donde serán regados por aves, el viento o perros realengos.  

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Ahora, si esto es interesante, aún más lo es el hecho de que muchas de las personas que llevan a cabo esta práctica estoy seguro han viajado al exterior y no se atreverían a hacer lo mismo en una playa o parque natural del país que visitan.  Muchos comentan que en esos lugares se recicla, se maneja la basura de forma eficiente, los desperdicios tienen valor económico, se produce energía con ellos y toda una serie de ideas que nos hace pensar por qué rayos actuamos así en contra de nuestros propios recursos naturales.  Luego de más de veinte años trabajando en asuntos relacionados al manejo de la basura en Puerto Rico no he podido entender la actitud de much@s puertorriqueñ@s.  Sin embargo, he identificado una razón que pienso podría ser uno de los factores responsables de este tipo de comportamiento y es la falta de pertenencia de nuestros recursos naturales.   

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Muchos de los ciudadanos piensan que los recursos naturales no son nuestros, sino del gobierno de turno o de los grupos comunitarios u organizaciones de voluntarios.  Al no reconocer esta realidad, le dan la espalda y no asumen la responsabilidad de cuidarlos. Necesitamos entender que los recursos naturales son imprescindibles para nuestra propia sobrevivencia. Además, pueden ser un bien económico importante que podría mantenernos como país por las próximas centurias.  Nuestras playas, ese recurso que nos enorgullece en presentar al mundo, no son un campo de guerra, sino un recurso valioso que nos brinda alimento, riqueza espiritual y económica, a través del turismo.  Entendamos que se nos ha confiado uso sabio y que nuestros hijos e hijas dependen de ellos.  ¿Queremos salir del marasmo en que estamos como país?  

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