Un basurero en tu patio

Por: Javier Vélez Arocho

Recuerdo viajar con mi papá, cuando era solo un niño, hacia el municipio de Isabela.  Cruzábamos San Sebastián y nos adentrábamos por la carretera PR-112 hasta llegar al barrio Arenales. La vista era dantesca.  No podía creer lo que veía y menos entender a la gente.  En un espectacular  paraje habrían quizás unos 10 o 12 lugares con tanta basura a la orilla de la carretera que me preguntaba si vivía gente esa parte de la Isla.  El olor fétido a carne descompuesta le añadía un aire de inmundicia a toda la carretera.  Para mi pesar pude corroboar que había gente viviendo allí.  Mucho tiempo después aprendería que quienes tiraban la basura en ese lugar no eran los vecinos, sino los residentes de otros barrios y pueblos vecinos.  Nunca entendí por qué tanta brutalidad contra nuestro medioambiente.

vertedero-ecostahlia-1

Alrededor de la Isla los vertederos clandestinos son incontables.  En muchísimos lugares he podido constatar la violencia hacia nuestra naturaleza.  Varios de estos vertederos tienen residuos de materiales peligrosos como aceite y solventes, animales muertos, tanques de gas y cientos de artículos  tirados en lugares donde la Autoridad de Acueductos y Alcantarrillados tiene estaciones de bombeo o pozos profundos de agua potable.  ¿Cómo es posible que los puertorriqueños tiremos basura en nuestro propio patio? Es como tener un inodoro que descargue en el agua que luego se usa para beber. ¡Es una locura!

vertedero-ecostahlia-2

No me parece que un ser humano en su sano juicio tire esa cantidad de basura en su propia casa.  Todavía no he podido encontrar una respuesta razonable.  No importa el pueblo a donde usted vaya, la existencia de un vertedero clandestino está garantizada. Muchas personas, incluyéndome, hemos participado en limpiezas de estos lugares junto a municipios, vecinos y agencias de gobierno.  Luego de varios días de terminada la campaña de limpieza, el lugar luce en igual o en peor condición que antes. Pero sí usted piensa que esto se da solo en estos parajes del interior de nuestro archipiélago, deberían haber participado en una limpieza del Cayo Matías de Salinas que se llevó a cabo hace algún tiempo. En un área aproximada de 40 pies x 40 pies, los voluntarios recogimos aproximadamente unas 90,000 botellas de vidrio.  Este es uno de lugares favoritos de los residentes de Salinas, y de nuevo, muchas de esas botellas fueron dejadas allí por visitantes y no por los residentes de la costa.  En una ocasión vi a una persona tirando una bolsa de basura al río y le pregunté por qué lo hacía. Me contestó: "Porque el agua se la lleva... y así no la veo".  ¡Qué lógica espeluznante!


El olor fétido a carne descompuesta

le añadía un aire de inmundicia

a toda la carretera.


Tirar basura en carreteras poco transitadas, playas, sumideros solares vacíos se ha convertido en un vicio. Lo digo así porque ni las multas del Departamento de Transportación y Obras Públicas, ni las municipales, han tenido el efecto disuasivo deseado por todos.  La gente se las ingenia para burlar la ley y tirar la basura sin que nadie se de cuenta.  De hecho, lo más irónico que he visto es pasar frente a lugares donde gobiernos municipales tienen su entrada a solares de transbordo para escombros y, más adelante, la gente deja su basura a la orilla de la carretera.  De la misma manera, el sarcasmo es evidente cuando debajo del letrero de multas por tirar basura hay un vertedero clandestino. Quisiera tener cinco minutos locos con estas personas para tratar de entenderlas.

vertedero-ecostahlia-3

En nuestra empresa de asesoría ambiental tenemos la oportunidad de caminar y evaluar las condiciones de muchos lugares; que quizás cualquier otro ciudadano no tiene la oportunidad de observar simplemente porque no tienen la necesidad de visitar el área.  Todas las semanas uno de nuestros técnicos envía fotos de vertederos clandestinos.  No importa si está en el sur del país, norte, este u oeste... es lo mismo.


Alrededor de la Isla los vertederos

clandestinos son incontables. 


Ahora apueste usted, a que muchas de estas personas posiblemente han visitado algún familiar en los Estados Unidos y no se atreven a tirar un papel.  ¿Será porque temen que un norteamericano le reclame en un idioma diferente qué rayos hace? ¿O será nuestra falta de sentido de pertenencia?

No le demostramos cariño a nuestra Isla al ensuciarla de esta manera. Pero cuando estamos lejos de nuestra patria la mera presencia de nuestra bandera nos llena de orgullo.  Rápidamente pensamos en lo hermoso de nuestro terruño.  Si logramos que el Cañón de San Cristóbal dejara de ser el vertedero de Barranquitas y Aibonito, y hoy día es uno de nuestros parques más hermosos, creo que podríamos llevar a la extinción los vertederos clandestinos.  ¿No cree usted?

vertedero-ecostahlia-4