Corredores riparios: cinturones de vegetación

Por: Javier Vélez Arocho

Quedan algunos en nuestras cuencas pero no como hace ciento cincuenta años atrás, cuando todavía los bosques isleños tenían preciada madera.  El comercio sin restricción, la falta de conocimiento y leyes terminarían por consumir casi el 80% de nuestros bosques antes de la mitad del siglo diecinueve. Uno de nuestros recursos naturales más preciados y menos conocidos son los corredores rivereños o riparios como comúnmente se les conoce en la jerga ecologista.  Esos cinturones verdes discurren a ambos lados de un cuerpo de agua con poblaciones de plantas y árboles que necesitan agua abundante para crecer y reproducirse. 


Nuestro panorama terrestre fue cambiando

para dar paso a más concreto

y menos espacios verdes.


Con el pasar de las décadas, el crecimiento de nuestros pueblos y áreas urbanas, los corredores verdes que cubrían nuestros ríos y quebradas fueron desapareciendo para dar paso a los canales de concreto, tuberías de acero y hormigón.  Los nuevos residentes de esas áreas no entendieron la necesidad de alejarse de los cuerpos de agua y pretendieron domarlos a costa de muchos dólares, vida y propiedad.  Nuestro panorama terrestre fue cambiando para dar paso a más concreto y menos espacios verdes.  Esto con los años traería serios problemas de inundaciones al ir desapareciendo más terrenos que ayudaran a absorber el agua de los aguaceros típicos del Caribe.

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Es importante entender que estos corredores vivos permiten el flujo de aves, plantas, animales e insectos de un área a otra.  La cobertura vegetal provee refugio y espacios a gran cantidad de animales que han perdido sus hábitats originales, además de servir como zonas de amortiguamiento con el espacio urbano.  La calidad de las aguas puede mejorar si existe un bosque ripario que actúe de filtro para los nutrientes y sedimentos, impidiendo su incorporación a las aguas del cauce.  Esa sombra que tanto nos gusta a la orilla de una quebrada o río ayuda a bajar la temperatura de las aguas y, a su vez, mejora el contenido de oxígeno en el agua; ayudando a evitar que crezcan algas.  El mantener en buena salud esos espacios es contribuir a tener un medioambiente saludable y con menos riesgos de inundaciones y desastres naturales.


La cobertura vegetal provee

refugio y espacios a gran cantidad

de animales que han perdido

sus hábitats originales


Hace poco miraba como el cauce del Río Bayamón ha sido modificado a través de los años para atender el problema de inundación en el llano costero. El corredor ripario dio espacio para la construcción de una infraestructura importante de transportación y recreo como lo es la Ciclo Vía.  Ahora, se añade otra infraestructura que incluye un campo de golf a lo largo del río y para el cual sólo se ha dejado una franja de vegetación; que lo compone en su mayoría vegetación exótica, como la hierba venezolana.  Los parchos de bosque que tenía el río desaparecieron para dar espacio a terrenos abiertos que distan mucho de lo que debe ser un corredor ripario.  Este es un ejemplo de una modificación incorrecta de un espacio verde importante para una ciudad.

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Tanto en Puerto Rico como en otras partes del mundo, ante el creciente reclamo ambiental de la sociedad, surge un gran interés por la recuperación de los corredores riparios.  Esto porque hemos sido testigos en parte de deterioro generalizado.  Cada día aumenta el número de comunidades y municipios interesados en lograr su restauración. Esto ha requerido ser creativos por las limitaciones a las que se enfrentan los residentes, como lo es la disponibilidad del espacio necesario para llevarla a cabo, tratando de recuperar no solo la propia vegetación, sino su función ecológica.  El reto es aún mayor cuando consideramos otros aspectos importantes en los esfuerzos de mejorar el medio ambiente.  Nos referimos a los asuntos administrativos, refiriéndonos al espacio del dominio público del cuerpo de agua, cuya titularidad es del pueblo de Puerto Rico y los márgenes en muchas ocasiones están en manos privadas. Por eso se hace importante el que no se sigan perdiendo estos espacios ya una vez modificados; su restauración se complica por las muchas consideraciones que se deben tomar.  Debemos aprovechar y apoyar las iniciativas que organizaciones como el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico ha comenzado para lograr la restauración del corredor ripario del Río Grande de Manatí.  Un proyecto ambicioso que busca devolverle al río las características que una vez tuvo y que va a requerir la siembra de miles de árboles y plantas; además de un trabajo comunitario intenso con los dueños de las parcelas privadas.

Los corredores riparios nos van a permitir la supervivencia de importantes especies nativas de árboles, plantas y animales.  Es vital aprender a conocerlos y protegerlos, pues son parte de nuestro patrimonio natural.